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Crónica Arsenal 1-0 Atlético de Madrid



El Arsenal logra imponerse tanto en el partido de vuelta como en la eliminatoria, y jugará en Budapest su segunda final de Champions League. Y digo "imponerse" porque se trató de un partido (así como de una eliminatoria) extremadamente igualado, pero en el peor de los sentidos. Casi sin ocasiones, casi sin juego combinativo y con una táctica basada en aguantar y aguantar (a poder ser sin proponer nada) hasta que un detalle puntual decidiera cuál de los dos equipos fuese a terminar por imponerse.


El escueto marcador con el que terminó el partido de ayer bien puede reflejar lo que ha sido la eliminatoria en todos sus aspectos. No quiero ser ese periodista deportivo que solo valora la posesión y la cantidad de goles marcados, el que prácticamente denuesta el trabajo defensivo y no cree que un partido con pocos goles haya podido ser un espectáculo de calidad [ahí están las declaraciones de Simeone previas a este encuentro, en las que, más o menos, quitaba valor a los enfrentamientos con una gran cantidad de goles, como el PSG-Bayern]. Sin embargo, nada de eso se puede aplicar en este caso. Creo poder afirmar que ayer se presenció una de las semifinales más sosas y de menor nivel en la historia de la Champions League y, lo peor, es que el mayor causante de ello es el equipo que en estos momentos se encuentra en la final.



  • Onces iniciales:


  • David Raya / Calafiori - Gabriel - Saliba - White / Declan Rice - Lewis Skelly / Saka - Eze - Trossard / Gyokeres


  • Oblak / Ruggeri - Hancko - LeNormand - Pubil / Koke - Marcos Llorente - Giuliano - Lookman / Griezmann - Julián Álvarez


Un año más en el que el Atlético de Madrid no podrá acudir a Neptuno para celebrar la ansiada 'Orejona', un año más que se tendrá que esperar para poder hacerlo. De hecho, en el caso de algunas leyendas como Griezmann ya no habrá más oportunidades. Un año más en el que se podría hablar de decepción o "pechofriada" (y más con la final de Copa tan reciente), pero la verdad es que, aun muriendo con su estilo de siempre, no creo que se le pueda reprochar gran cosa al Atlético en este partido de vuelta. Con la situación traída del Metropolitano, el planteamiento tanto inicial como el de casi todo el encuentro fue más que correcto. No solo el planteamiento, ya que de ello no se sobrevive, también considero que la ejecución fue más que correcta.


Jugándose ambos equipos la vida y la muerte para llegar a disputar una gloriosa final, la localía en el Emirates parecía darle ventaja al Arsenal que, sin embargo, no pudo crear ocasión alguna en los primeros diez/quince minutos. En mi anterior (y primera) crónica sobre el Arsenal contra el Manchester City, destacaba el inicio vertiginoso que el conjunto de Guardiola impuso desde el inicio, también jugándose una "final" y con la ventaja de ser local. El Arsenal, anoche, no logró replicar eso en lo absoluto, en gran parte por la enorme labor defensiva y de presión alta del Atlético de Madrid, desde el minuto uno hasta el final de la primera mitad, prácticamente. Es verdad que tener a Cherki, Doku o Haaland puede ser una diferencia a jugar con Eze, Saka o Gyokeres (si anteriormente hablé de lo frustrante que es ver a Havertz, también habría que abrir el melón de Saka a mi parecer), pero de igual forma es innegable que el Atlético impuso un sólido planteamiento defensivo, con una muy buena presión alta y organizada. Incluso hasta diría que, con el balón en posesión, llegó a jugar algo más que su rival.


Y así transcurrió la primera mitad, dos grandes bloques defensivos, no mucha elaboración de juego ni ocasiones, parecido al típico partido que plantea Arteta en situaciones importantes. Una especie de "voy a asegurarme que no me metas gol , que ya meteré yo uno en algún momento" que creo que resume bien la idea de juego de Arteta (por algo en Inglaterra el Arsenal es el conjunto menos respetado). Y ese momento llegó. Llegó en una situación rocambolesca, como de normal, cuando yo ya me disponía a levantarme del sofá para cenar algo, justo antes de llegar al descanso. Balón largo de Saliba, que logra controlar Gyokeres ante una salida de Oblak que, según algunos, pudo evitarse (aunque no desde mi parecer). El sueco se escora a la banda y envía un centro que llega a Trossard, quién dispara a portería para que el rechace caiga justo en Saka, quien no tenga nada más que hacer que rematarla fácil y adentro.


1-0 al descanso casi sin comerlo ni beberlo, casi sin ocasiones del Arsenal que parecía, una vez más, lo destinaba todo a la segunda parte.


Antes de entrar en esa segunda mitad, me gustaría destacar las únicas dos figuras que aportaron algo ofensivo por parte del Arsenal: Trossard y Gyokeres. Si bien no estamos hablando de dos completísimas super-estrellas, al menos intentaron establecer algo de juego en ese mar de desorganización que es la zona de tres/cuartos para los de Arteta. Creo que Trossard fue el único que intentó crear alguna jugada elaborada, tanto individual como colectiva, siendo clave en el gol al sacarse un disparo a puerta que perfectamente podría no haber sucedido; podría haber retrasado el balón a Calafiori y que siguiera la parsimonia. Y en el caso de Gyokeres, bueno, es verdad que cualquier cosa en comparación de Havertz sale ganando, pero valoro bastante su trabajo físico y de espaldas a la portería.


Al inicio del segundo tiempo tampoco sucedió gran cosa; ambos conjuntos trataron de recuperar el ritmo y tantear al rival. Hasta que llegó el minuto 60, el fatídico minuto 60 podríamos decir. Y digo fatídico por no decir inverosímil, porque creo que pocas veces en mi vida he visto un penalti más claro. El balón llega al área local, Pubil y Gabriel tienen un cruce polémico, dejando el esférico en pies de Griezmann que de forma limpia rebasa a Calafiori y es, también de forma limpia, obstruido y derribado. La acción en sí no admite debate alguno, pero la decisión de que no sea penalti pasa por pitar falta de Pubil en el cruce anterior. Me apetece aclarar que no me gusta hablar del árbitro en mis crónicas, y no quiero hacerlo en esta ocasión, pero sin duda hay que mencionar a Daniel Siebert el día de hoy porque no se entiende muy bien esta decisión. Es más, no solo es muy riguroso pitar falta de Pubil sino que, a mi parecer, incluso se podría pitar perfectamente falta (o penalti) de Gabriel sobre el propio Pubil.



Aun así, lo más surrealista estaría por llegar. Desde esta acción que sucedió a la hora de partido, en la media hora restante no logro recordar con claridad ni una ocasión manifiesta de gol, salvo por un remate de Gyokeres a un centro lateral de Hincapié. El Arsenal puso a trabajar una maquinaría pesada para conseguir que se jugara lo menos posible. No hablo de replegarte teniendo la ventaja o reforzar tu parte defensiva, directamente Arteta se puso manos a la obra para lograr que el tiempo pasara y que el rival no pudiera crear juego ni ocasiones.


La triste realidad, para unas semifinales de Champions, es que se trató de una segunda parte llena de baches, obstaculizaciones y pérdidas de tiempo, sobre todo por parte del Arsenal. La idea era clara: mantener la mínima ventaja a toda costa hasta que el árbitro pitara el final.


Tampoco quiero caer en la hipocresía de sillón, y entiendo el gran logro que es llegar a una final de Champions, más para el Arsenal que solo lo había conseguido una vez en su historia. Pero como aficionado no se puede respetar tal planteamiento. Menos aún cuando lo que se vio ya llegando a los minutos finales fue el extremo de dicho planteamiento, con unas pérdidas de tiempo grotescas, prácticamente rozando lo irrespetuoso. Está claro que el Atlético pudo haber jugado mejor, y que dispuso 180 minutos para ello, pero es innegable que el Arsenal ofreció un show final que en nada ayuda a que se pueda ver un partido de fútbol como tal.


Es triste no tener mucho más que decir sobre el encuentro, pero si ya la primera parte fue tosca, en la segunda las ocasiones y la elaboración de juego brillaron por su ausencia. Considero, de todas formas, que el Arsenal es justo vencedor en la eliminatoria, aunque siempre aspiro a poder ver un tipo de espectáculo futbolístico diferente en partidos tan significativos como el de ayer.















 
 
 

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